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Cuando el filtro solo debe existir en las cafeteras

Usar filtros en la cámara de fotos logra un efecto determinado en las imágenes. Distorsiones voluntarias. ¿Qué sucede cuando el filtro es nuestra propia mirada? Una mirada sobre la que pesan los prejuicios, el tiempo, la duda. Una mirada que todavía no aprende a maravillarse de las contradicciones humanas, donde deben convivir en lucha impulso y represión, deseo y culpa. Aunque Hugo Vásquez no usa filtros en su cámara para captar las imágenes que componen su primera muestra individual, Sociedad, aprovecha la valla de plástico que protege una estatua, para emplearla como un solo gran filtro. Pero no lo manipula. Deja que la intemperie haga su trabajo en la superficie de la valla: mugre, huellas, raspones, todo tiene su razón de ser, como si la vida pudiera firmar sus propias cicatrices. Durante dos años Hugo observa a paseantes que, desde la baranda de un malecón, buscan un horizonte que apenas se distingue tras la bruma, el mar. Se sabe cómplice de sus secretas nostalgias. Comienza a fotografiarlos a través de la valla de plástico. ¿Qué libertad hay en el mar que atrae tanto? ¿Por qué la única incertidumbre que amamos es la del mar y sus olas? ¿Por qué nos aferramos a la idea de que siempre habrá una orilla del otro lado y que podremos alcanzarla? Tanto tiempo les ha dedicado a sus paseantes que no tardamos en observar lo mismo que él: Solemos juzgar a los que desean. Y con ello viene otro descubrimiento y una pregunta: Nosotros somos los que desean. ¿Por qué enviamos entonces nuestros deseos al exilio? A una isla rodeada de corrientes que la hacen inaccesible. Una vez más hemos permitido que la sociedad nos observe a través de un solo gran filtro, que sea verdadera su versión de los hechos, que nuestros afectos nos afecten. Por eso solo reconocemos a quienes son iguales a nosotros. A quienes tienen secretos. Pero Hugo dice no: “Esta vez voy a ser honesto conmigo mismo y mis deseos. No más islas, ni las ilusiones de un horizonte. Lo que amo está a este lado de la orilla. Elijo la incertidumbre. Todo lo demás es falso”. Allí donde ha fotografiado a sus paseantes, le da la espalda al mar para enfrentar su propia imagen a la de un muchacho vestido como él. Dos soledades que por fin coinciden. Hubo sol el día que Hugo captó su propia imagen.

 

Katya Adaui