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Sociedad

Levantaban la mirada. Allí estaba el horizonte como una promesa. ¿Por qué no en ese instante?

Me preguntaba si se sabían especiales. Ellos podían volar. Volar con sus deseos.

Atestiguar desde tierra firme, donde la sal permanece y escose, la felicidad que se aleja.

 

Nos cruzamos. Nos cuesta reconocernos con máscaras. Y sin embargo, coincidimos: somos exiliados que pasan.

 

Desde un álbum olvidan nuestros nombres, pero nos recuerdan más.

 

Katya Adaui